Nieve de algodón
Por Angélica Lara
Hace tres años decidimos ir al Chimborazo para tocar por primera vez la nieve. Subir esa montaña fue una de las cosas más duras que he hecho, pero no me iba a rendir, debía llegar por lo menos hasta el segundo refugio y tocar la nieve. A paso lento, pero seguro. Una vez que llegamos ahí tuve que sentarme a descansar y esperar que la sangre vuelva a mí.
Subir el nevado es una experiencia que nunca olvidaré por dos razones: toqué la nieve y casi muero en el intento.




