domingo, 23 de noviembre de 2014

Cuando el alma llora

Desde donde nacen las lágrimas de verdad

Por: Diana Hernández


Un martes por la mañana desperté junto a una carta que con letra de aprendiz señalaba "para la mejor hermana" aquel 3 de diciembre cumplía 17 años, y supuse que se trataría de una de las locuras de mi hermana menor, mas guarde aquel escrito para leerlo luego; pues era algo tarde para salir al colegio. 


El día transcurrió por momentos risas, amigos y tantas y tantas felicitaciones, al llegar la noche recordé aquella carta y fui en busca de ella luego me senté sobre mi cama y la leí una y otra vez. Mientras mis lagrimas rodaban sentí gran necesidad de abrazarla. En ella, mi hermana se refirió a mis 18 años y con sus palabras de niña me contó cuanto me quería, me llenó de fuerza y felicidad cada palabra, cada "estaré contigo siempre" cada "en las buenas y en las malas" cada "te quiero". Me dijo que soy su ejemplo a seguir por lo que me asusté en un principio y desde entonces me propuse ser mejor persona cada día y esperar a que ella haga lo mismo. 
Asimilé que existen muchísimos detalles grandes y costosos, y este no entraba dentro de ellos, pero valía muchísimo más que todos los detalles caros que pueda encontrar, porque un corazón jamás se compra, el cariño es excesivamente grande a un precio monetario y una verdadera amistad es el detalle más hermoso que una persona puede recibir, en ese momento encontré mi confidente, mi alma gemela, mi niña, mi amiga de verdad.

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