Montañas rusas, pueden ser engañosas
Por Angélica Lara
Últimamente había oído sobre esas experiencias que se debían vivir por lo menos una vez, y yo no tenía ni una de esas. Siempre fui una persona muy miedosa debo admitir. Pero ese no fue el propósito de este viaje, quería pasar las vacaciones en un nuevo lugar con nuevo aire. Mi hermano lo único que pensaba era en ir a este parque de diversiones en la ciudad, aunque a mí me era irrelevante si íbamos o no, apoyé su idea para que tuviera buenos recuerdos.
Una vez que llegamos, el lugar estaba prácticamente vacío, fuimos entre semana, así que el parque era para nosotros. Estuvimos en los típicos juegos dónde ganas peluches y esas cosas hasta que llegamos al final del parque y vimos esa montaña rusa, mi hermano de inmediato pidió subir ahí. A vista que nadie se atrevía a acompañarlo me dio pena que se quede con las ganas y pensé que sería una gran oportunidad para tener una de esas experiencias que luego puedes contar y que sólo vives una vez. Nunca me había subido una montaña rusa pero a simple vista lucía pequeña e indefensa, decidí acompañarlo. Algo que no sabía sobre mí hasta ese momento fue ¡que le tengo un miedo terrible a las alturas! y aunque las bajadas y subidas fueron un martirio no se compararon con la vuelta de 360° que di. Una vez terminado el recorrido me prometí a mi misma nunca más torturarme de esta manera pero no me arrepiento ni un poco de haberme subido.

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